
Me pregunto por qué el procesador de textos siempre comenzará con las romanas. Odio las romanas, se creen hijas de la vaca que mas caga por el simple hecho de tener serifas. Pero de veras, en este mundo electrónico el escritor es el que decide que puta letra usa, al contrario del análogo, donde solo puede elegir máximo dos, quizá tres; y que para acabar de componer el baile mutan en el tiempo, en el estado de ánimo, en el peso del bolígrafo, en todo, la relatividad aplicada en su mas leve expresión, que haríamos sin Einstein, genio, por Dios.
Aprovechando el paso por el tema, es inevitable para mi pensar en la macro relatividad, la realidad es que todas las cosas son como caquitas que flotan en espiral en el retrete cuando Dios ha jalado la cuerda, y eso en verdad explica por qué nos mantenemos pegados al piso, etc, que cosa mas seria; y eso de mantenerse pegado al piso es literal y ambiguo, porque por un lado no nos caemos de la tierra en diagonal y por el otro, tristemente, entre mas queso menos queso para el hombre y todas las cosas cercanas a él.
Esa inflexión idiomática, ‘entre más queso, menos queso’ me la contó un amigo que se llama Néstor hace ya muchos años, y serán más probablemente en este momento de relatividad. Cuando me la presentó, no la entendí del todo, tuve que remitirme a mis recuerdos sobre Tom y Jerry para imaginarme el queso amarillo y lleno de huecos, y luego sonreir y decir, ’si, es cierto’. Y valla que es cierto. Más trabajo, menos tiempo para no trabajar; mas largo, menos oportunidad de que alguien llegue al final de tus cuentos y entienda que querías decir al principio; mas música, menos espacio en el disco duro o similares. Y es que una cosa va a amarrada a la otra, sufrir la relatividad entre todos y entre todo, como dicen el tipo de Opio en las Nubes, ‘que cosa más seria’. Otra vez.
Ese cuento, Opio en las Nubes, lo escribió un tipo que se llama Rafael Chaparro Madiedo, el viejo Rafa, de ahora en adelante. La noche en la que la editorial lanzó el libro él se fué a un rincón y se voló la tapa de los sesos con un revolver. Que cosa mas seria, sus motivos tendría el hombre, me pregunto si yo algún día tendré motivos para hacer lo mismo, ojalá que no, no me quiero morir. Todavía.
En Opio en las Nubes hay un gato que se llama Pink Tomate. La verdad, es un nombre muy marica para un gato. Lo bueno es que no es tan trascendental como Garfield, pero solo el nombre, porque el dichoso gato cuenta las cosas como si se hubiera fumado un porro del tamaño de un bate de beisbol. Che, que grande, me imagino ese gato, con ese porrísimo atravesado entre las cejas, y con los ojos metidos en el culo, rojos, satanizados, con un Kilometrico mordido y sin tapa metido entre las pezuñas y escribiendo en una hoja de plátano a las 2 de la tarde.
Por si las dudas, jamás en mi vida me he fumado un porro. Bueno, la verdad es que cuando tenía 17 me fumé dos cigarros junto a una noviecita que tenía en ese entonces, koolitos, como ella les decía, y me pareció un fastidio, como tragar canicas y luego quererlas vomitar, y un frío mediocre atravesado entre los pulmones. En todo caso, si la humanidad no fuera un misterio, no habrían guerras. Entonces, el que quiera fumar, que se fume la plantación entera, pero por el amor de Dios, no me tiren el humo en la cara, que soy asmático desde los 5.
Salud, y viejo Rafa, descansa en paz.
Abril 24 de 2009.
Ilustación: Amalia Satizábal Posada


3 comments
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Abril 26, 2009 a 6:41 pm
Alba Soto Mendoza
¡ !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Abril 27, 2009 a 8:37 pm
Daniella Vizcaya
Jajaja me hiciste reir mucho con la parte de pink tomate, ES EL LIBRO repito EL LIBRO… me he querido repetir el libro pero he tenido mcuho trabajo mental en estos ultimos meses de mi vida y como dice sumerce entre mas trabajo menos tiempo para trabajar!!
Abril 28, 2009 a 6:02 am
José Daniel
Vizkita, mis tiempos sin saber de tí!
Gracias por leer, sabía que te hiba a gustar.