El hombre, en la animalidad de su naturaleza es instintivo. El instinto hace nacer, hace crecer, hace llorar y pedir la teta de la madre. Al crecer un poco se empieza a mezclar con el capricho y nace la resistencia al cambio. Tiempo después, la cabeza se llena de moscas, aparece el uso de razón y todo se va a la mierda. Tener conciencia de la humanidad propia hace que el hombre se sienta superior los primeros años de su vida, aunque hay especímenes que nunca lo superan, como los políticos. Gracias a los políticos y a los autistas la especie humana fluye, la verdad sea dicha; pero volviendo al tema, al alcanzar la edad adulta y la madurez mental, el instinto y la sabiduría se mezclan para dar paso a las certezas de la intuición, que es un arma difícil de controlar o un refugio escabroso en su camino, como orinar borracho.